LA TEORÍA DE LA SILLA
Era una tarde de domingo. Estaba sentada en un café con mi amiga Laura, desahogándome por enésima vez sobre la misma persona. Ya sabes de qué hablo: ese amigo que nunca tiene tiempo para ti, esa pareja que te hace sentir que estorbas, ese familiar que solo te llama cuando necesita algo.
Laura me escuchó en silencio mientras revolvía su café. Cuando terminé, no me dio consejos. No me dijo "dale tiempo" ni "seguro está ocupado". Solo me miró a los ojos y me preguntó: "¿Conoces la teoría de la silla?"
No la conocía. Y lo que me explicó en los siguientes cinco minutos cambió para siempre mi forma de relacionarme con los demás.
La metáfora que lo cambia todo
Laura me explicó que todas las personas tienen una mesa en su vida. Es la mesa donde se sientan las personas importantes: familia, amigos, pareja, aquellos que realmente importan.
Y cuando alguien te valora de verdad, no duda en sacarte una silla.
No tienes que pedirla. No tienes que ganártela. No tienes que demostrar nada.
✓ Te hacen espacio sin que lo pidas
✓ Te miran cuando llegas
✓ Se mueven, se acomodan, te incluyen
✓ Tu presencia no se discute, no se negocia, no se pone a prueba
✓ Simplemente es bienvenida
Piensa en las personas que realmente te quieren. ¿Acaso tienes que rogarles atención? ¿Tienes que justificar por qué mereces su tiempo? No. Porque tu silla siempre está ahí. Porque tu lugar está claro.
Pero también existen otras mesas...
Y aquí es donde la teoría se vuelve incómoda. Porque también hay mesas donde no hay silla para ti.
Mesas donde te dejan de pie, esperando.
Donde tu presencia parece estorbar más que alegrar.
Donde te observan como si tuvieras que demostrar constantemente que mereces estar ahí.
Mesas donde tienes que encogerte, callarte, esperar tu turno... para no incomodar.
¿Te suena familiar?
• Esa relación donde siempre eres tú quien escribe primero
• Ese grupo de amigos que nunca te invita, pero al que tú siempre invitas
• Esa persona que solo te busca cuando necesita algo
• Ese espacio donde sientes que tienes que justificar tu existencia
La verdad incómoda
Si tienes que pedir tu silla una y otra vez...
Si tienes que insistir para ser visto...
Si tienes que esforzarte para no quedar fuera...
El problema no eres tú.
Estás en la mesa equivocada.
Y esta es la parte difícil de aceptar. Porque preferimos pensar que si nos esforzamos más, si somos mejores, si damos más de nosotros, finalmente conseguiremos esa silla. Pero la verdad es que en las relaciones auténticas, la silla ya está puesta desde el principio.
Lo que aprendí ese día con Laura:
No luches por espacios donde te tratan como un añadido o una opción.
No supliques atención donde tu ausencia no cambiaría absolutamente nada.
No te quedes donde tu presencia incomoda o se tolera en lugar de celebrarse.
No te conformes con las migajas de atención de quien no te valora.
Ve donde sí perteneces
En lugar de eso:
Ve donde tu presencia suma, no donde se tolera.
Ve donde tu lugar está claro, incluso cuando no hablas, incluso cuando no estás.
Ve donde tu silla ya está puesta, esperándote, con tu nombre invisible grabado en ella.
Ve donde te extrañan cuando faltas y celebran cuando llegas.
Porque tu silla existe.
Y no tienes que ganártela.
No tienes que suplicar por ella.
Solo tienes que sentarte en la mesa correcta.
Han pasado años desde aquella conversación con Laura en el café. Y te diré algo: aplicar la teoría de la silla no fue fácil. Tuve que alejarme de personas que quería. Tuve que aceptar que mi esfuerzo no iba a cambiar ciertas relaciones. Tuve que dejar de perseguir a quien no me elegía.
Pero también descubrí algo hermoso: cuando dejé de ocupar espacio en mesas donde no era bienvenida, encontré las mesas donde sí lo era. Y esas mesas, aunque sean más pequeñas, están llenas de personas que me hacen sentir que mi presencia importa.
Así que pregúntate: ¿En qué mesas estás sentada? ¿Y en cuáles sigues de pie, esperando una silla que nunca llega?
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