15 de marzo de 2025

La Gallina que lo dio todo: Una reflexión sobre el sacrificio y la ingratitud

La Historia de la Gallina: El Peso Invisible del Sacrificio

En esta conmovedora historia, el toro invita a sus amigos a un banquete, pero es la gallina quien termina cargando con todo el trabajo. Una reflexión sobre el sacrificio y la ingratitud que muchos viven en silencio.

El toro organizó un banquete e invitó a sus amigos.

—No voy a aportar nada porque ya estoy prestando mi casa —dijo.

El perro aprovechó y añadió:

— Yo traeré un hueso que encontré hace días… aún tiene algo de carne.

El caballo también intervino:

— Yo contribuiré con un pedazo de queso que sobró del carnaval del año pasado. Está un poco rancio, pero aún no se ha puesto verde.

Todos miraron a la gallina, esperando su contribución.

— Ah, claro… entonces, ¿el resto lo pongo yo? —balbuceó.

Y así fue.

El día del banquete, la gallina llegó temprano con un pañuelo atado en la cabeza y un machete en la mano. Estaba cubierta de ceniza, sudorosa, cargando la leña que cortó con esfuerzo. También llevó el arroz, los frijoles y el maíz.

Cocinó sin descanso. Tanto trabajó, que al momento de poner la sal en los frijoles, sin querer, se le fue de más.



Cuando llegaron los invitados, el caballo y el perro se sirvieron grandes porciones. Pero en lugar de agradecer, se quejaron.

— ¿Esto es sal con frijoles o frijoles con sal? — bromeó el caballo.

— ¿Piensas que somos toros para lamer sal? — reclamó el perro.

La gallina sonrió con tristeza, tragándose su cansancio.

Corrió a su casa, trajo más frijoles y preparó una nueva olla con la cantidad exacta de sal. El aroma llenó la casa, y sus invitados comieron felices, repitiendo plato tras plato.

Nadie le dio las gracias.

Mientras ellos reían y disfrutaban, ella seguía en la cocina, asegurándose de que todo estuviera perfecto.



Cuando la fiesta terminó, cada uno se fue sin despedirse. Nadie entró a la cocina a ayudarle.

La gallina, exhausta, buscó algo para comer, pero no quedaba nada. Solo una costra seca en el fondo de la olla. Suspiró, se apretó el cinturón y comenzó a lavar los platos.

Y así pasaba en cada fiesta.

Hasta que un día… la gallina ya no estuvo.

Ese día solo hubo queso rancio y huesos secos. Nadie cocinó, nadie preparó leña, nadie hizo frijoles de calidad.

La fiesta perdió su gracia.

Por primera vez, la recordaron.

Salieron a buscarla. No porque la extrañaran, sino porque la necesitaban.

—¿Dónde vive la gallina?
— No sé…
— Yo tampoco…

Después de horas, pasaron frente a una cueva oscura. Desde el fondo, se escuchaba un susurro:

— Perdóname, mamá… yo solo quería proteger a la familia…

Eran las últimas palabras de la gallina antes de desaparecer.

Su voz quedó atrapada en el eco de la cueva. Entraron con la esperanza de encontrarla, pero ella ya no estaba.

Solo su voz resonaba una y otra vez.

Corrieron a la casa del chivo, su único amigo.

— ¿Dónde está la gallina? ¿Por qué vivía en una cueva?

El chivo suspiró.

— ¿De verdad no lo saben?

Y les contó la verdad.

La gallina nunca tuvo un hogar.

Hace tiempo, vivía feliz en un gallinero con su familia. Pero un día, una serpiente atacó. Mientras sus hermanas huían, ella se quedó a luchar.

La serpiente la mordió y, en vez de agradecerle, su propia familia la echó, temiendo que el veneno se propagara.

Desde entonces, vivía en la sombra, sosteniendo el mundo de los demás mientras su vida se desmoronaba. Les daba alegría, les brindaba placer, pero en las noches solo su almohada sabía cuántas lágrimas derramaba.

El toro, el caballo y el perro bajaron la mirada.

— ¿Quieren saber dónde está? —preguntó el chivo.

— Se hundió en una profunda tristeza. Ya no tiene fuerzas para seguir trabajando gratis para ustedes. Yo la saqué de esa cueva… y ahora la estoy cuidando.


Una historia que muchos viven en silencio

En la vida hay muchas personas como la gallina.

Personas que dan todo por los demás, que trabajan sin descanso para hacer felices a otros, que sostienen hogares, familias y equipos sin pedir nada a cambio.

Personas que ríen de día, pero en la noche mojan su almohada con lágrimas.

Hasta que un día… ya no están.

Si tienes una "gallina" en tu vida, agradécele. Antes de que sea demasiado tarde. 💔


¿Te identificas con la gallina? Comparte esta reflexión y déjanos tus pensamientos en los comentarios.


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